03. Curso intensivo: Interpretación de monólogos teatrales

Curso intensivo monólogos teatrales
  • ¿QUÉ NECESITO PARA ASISTIR?

Traer aprendido uno de los monólogos que ves aquí abajo, en la descripción del curso.

  • ¿CUÁNDO ES?

Domingo 10 de noviembre, de 11:00h a 14:00h y de 16:00h a 19:00h

  • ¿CUÁNTO VALE?

30€ (20€ para alumnos de Paradigma Escuela de Teatro)

  • ¿CÓMO ME INSCRIBO?

Cumplimentando nuestro formulario de inscripción.

Descripción

Interpretar un monólogo teatral, ya sea para una prueba de acceso a una escuela, para un casting, o para un espectáculo o proyecto, es un reto complejo para el que un actor debe estar preparado. En este curso intensivo te daremos las herramientas para enfrentarte a él y que lo superes con éxito, disfrutando del proceso.

Trae aprendido uno de estos monólogos:

MONÓLOGOS FEMENINOS:

OPCIÓN 1. La Gaviota (A. Chéjov)
NINA: ¿Por qué dice que ha besado la tierra por la que he andado? Merecería que me mataran. (Se apoya, inclinándose, en la mesa.) ¡Estoy tan fatigada! Si pudiera descansar… ¡Descansar! (Levanta la cabeza.) Soy una gaviota… No es esto. Soy una actriz. ¡Oh, sí! (Habiendo oído la risa de Arkádina y de Trigorin, escucha con atención; luego, corre hacia la puerta de la izquierda y mira por el agujero de la cerradura.) También él está aquí… (Vuelve hacia Trepliov.) Oh, sí… No importa… Sí… Él no creía en el teatro, se burlaba siempre de mis sueños y, poco a poco, también yo dejé de creer y perdí el ánimo… Añada a ello los tormentos del amor, los celos, el miedo constante por el niño… Me volví mezquina, insignificante, declamaba de manera absurda… No sabía qué hacer con las manos, no sabía permanecer en escena, no dominaba la voz. Usted no puede comprender lo que se siente, cuando uno se da cuenta de que declama muy mal. Soy una gaviota. No, no es esto… ¿Recuerda que mató una gaviota? Casualmente llegó un hombre, la vio y por no tener qué hacer, la sacrificó… Tema para un relato breve… No es esto… (Se pasa la mano por la frente.) ¿De qué estaba hablando?… Hablo del teatro. Ahora ya no soy así… Ahora ya soy una actriz verdadera, actúo con placer, con entusiasmo, en escena me exalto y me siento magnífica. Y ahora, desde que vivo aquí, voy siempre a pie, voy a pie y pienso, pienso y siento que día a día crecen mis fuerzas espirituales… Ahora sé, ahora comprendo, Kostia, que en nuestro hacer -da lo mismo que actuemos en la escena o que escribamos- lo importante no es la fama, no es el brillo, no es aquello con que yo soñaba, sino saber sufrir. Aprende a llevar tu cruz y a creer. Yo creo y no siento tanto dolor; cuando pienso en mi vocación no tengo miedo a la vida.

OPCIÓN 2: La gata sobre el tejado de zinc (Tennessee Williams)
MARGARET: ¿Los oyes? ¿Oyes cómo gritan? No sé dónde tendrán la laringe, como no tienen cuello … Te lo digo en serio, durante la cena me han puesto tan de los nervios que he estado a punto de echar hacia atrás la cabeza y soltar un grito que habrían oído en Arkansas y en parte de Luisiana y Tennessee. A Mae, a tu encantadora cuñada, le he dicho: «¿No podrías dar de comer a tus preciosas cositas en una mesa con hule?». ¡Arman tanto lío y el mantel de encaje es tan bonito! Ha puesto los ojos como platos y ha dicho: «jOhhh, noooooo! ¿El día del cumpleaños del abuelo? ¡No me lo perdonaría en la vida!». Cuando no llevaba en la mesa ni dos minutos con esos monstruos sin cuello que estaban llenando la comida de babas, el abuelo ha tirado el tenedor encima de la mesa y ha dicho: «Por Dios Santo, Gooper, ¿por qué no das de comer a esos cerdos en la pila de la cocina?». ¡Te juro que me han dado ganas de morirme! Piénsalo, Brick, tienen cinco y el sexto está en camino. Y se los han traído a todos para exhibirlos, como si fueran animales de feria. ¡Pero si los tienen todo el tiempo haciendo numeritos! «¡Junior, enséñale al abuelo cómo haces esto; Junior, enséñale al abuelo cómo haces lo otro; nena, recítanos ese poema para que lo oiga el abuelo. Enséñale tus hoyitos al abuelo; cariño; niño, enséñale al abuelo lo bien que haces el pino!» No paran. Ni paran tampoco los comentarios y las insinuaciones a propósito de que de nosotros no haya salido ningún niño, de que no tengamos hijos y, por lo tanto, seamos ¡totalmente inútiles! ¡Por supuesto, resulta cómico, pero también asqueroso, porque es evidente lo que pretenden!…

MONÓLOGOS MASCULINOS

OPCIÓN 1. La Gaviota  (A. Chéjov)

TREPLIOV: (Se dispone a escribir; relee lo que ya ha escrito). Tanto como he hablado de nuevas formas y ahora siento que yo mismo, poco a poco, estoy cayendo en la rutina… (Lee.) “El cartel fijado en el muro rezaba… Un rostro pálido, circundado de negros cabellos”… Rezaba, circundado… Esto es banal. (Lo tacha.) Comenzaré describiendo cómo el ruido de la lluvia despierta a mi protagonista, y todo lo demás, fuera. La descripción de la noche de luna es larga y rebuscada. Trigorin se ha elaborado ya sus recursos, a él le resulta fácil… En una presa, él ve brillar el cuello de una botella rota, percibe la negra sombra de una rueda de molino y ya tiene la descripción de la noche de luna; en lo que yo escribo, en cambio, hay luz trémula, silencioso centelleo de estrellas, lejanos sonidos de un piano de cola que se apagan en el aire perfumada… ¡Qué tortura! (Pausa.) Si, cada vez me convenzo más de que la cuestión no está en las formas viejas o nuevas, sino en que el hombre escriba sin pensar en forma alguna, en que escriba porque lo que escribe fluya libremente de su alma. (Alguien llama a la ventana más próxima a la mesa.) ¿Quién es? (Mira por la ventana.) No se ve nada… (Abre la puerta vidriera y mira al jardín.) Alguien ha bajado los peldaños corriendo. (Grita.) ¿Quién hay aquí? (Sale; se le oye caminar rápidamente por la terraza; unos momentos después, vuelve con Nina Zariéchnaia.) ¡Nina! ¡Nina!… (Llora conteniéndose.)

OPCIÓN 2: El zoo de cristal  (Tennessee Williams)

TOM: Yo no fui a la luna. Fui mucho más lejos, porque el tiempo es la distancia más larga entre dos lugares… Me marché de San Louis. Bajé por última vez esos peldaños de la escalera de emergencia y seguí, desde entonces, los pasos de mi padre, tratando de hallar en el movimiento lo perdido en el espacio… Viajé mucho por todas partes. Las ciudades pasaban rápidamente ante mí como hojas secas, de brillantes colores, pero arrancadas de la rama. Me habría detenido, pero algo me perseguía. Aquello acudía siempre de improviso, tomándome de sorpresa. Quizá fuera un pasaje musical familiar. Quizá sólo un fragmento transparente de cristal. Quizá me esté paseando por una calle de noche, en alguna ciudad extraña, antes de haber encontrado compañeros, y paso junto a la ventana iluminada de una perfumería. La ventana está llena de piezas de cristal de color, de frasquitos transparentes de delicados tonos que parecen fragmentos de un arco iris roto. Entonces, repentinamente, mi hermana me toca el hombro. Me vuelvo y miro sus ojos: ¡Oh, Laura, Laura! ¡Traté de dejarte atrás, pero soy más fiel de lo que pensaba ser! Tiendo la mano hacia un cigarrillo, cruzo la calle, entro corriendo en un cine o un bar. Pido una copa, hablo con el desconocido más próximo ¡cualquier cosa con tal de apagar tus velas! Porque hoy el mundo está iluminado por el relámpago. Apaga de un soplo tus velas, Laura… y aquí termina mi historia y comienza vuestra imaginación. De modo que adiós.